El cuento del dinosaurio


EL CUENTO DEL DINOSAURIO

(2007)


Fue tan paulatina la forma en que la familia abandonó al abuelo que él lo notó hasta el día que se puso a jugar con el cuento del dinosaurio y obtuvo el siguiente resultado:

Y cuando despertó, el amor de su vida ya no estaba ahí…

Eso fue la mañana en que la abuela decidió dejarlo definitivamente.

Así que sentado en medio de su biblioteca el abuelo comenzó a sentir todo ese frío y ese silencio que no había sentido en años; se quedó un largo rato escuchando el eco de su cuento con la mirada fija en un musgo oscuro producto de alguna reciente humedad de la casa que era casi tan vieja como él.

Cada día se levantaba sin hambre, se ponía su bata y tomaba su bastón; había perdido la costumbre de madrugar, así que despertaba a eso de las diez e iba a la cocina donde, en antaño, lo esperaba un abundante desayuno, pero por estos días solo lo esperaba el mismo polvo y los mismos platos sucios de ayer.

Con la poca hambre que le caracterizaba se dirigía a la biblioteca y se sentaba en su sofá a mirar el musgo. Era como un diario que se escriba solo y crecía, y al mismo tiempo era como un álbum que guardaba en su verdura imágenes y evocaciones.

Nunca le habían gustado ese tipo de manchas, de hecho ninguna mancha, ni arruga ni imperfección, sin embargo aceptaba humildemente esta y se resignaba a verla crecer, algo de penitencia tenia este musgo que hacia de la biblioteca un sitio infinito, una máquina del tiempo donde el abuelo podía convivir a gusto con su soledad, sin que la soledad de la sala, la de la cocina o la recámara lo distrajeran con sus ecos siempre mas hondos y dolorosos como una reuma. De alguna manera la soledad de la biblioteca se había convertido en una amante perfecta que le confortaba en cualquier caso y sin condiciones; con las marcas propias de su edad, con su olor a celulosa mojada resumía el total de su vida en materia completamente olvidable.

Sintió el abuelo cierto encanto el día que descubrió la visita del musgo en su alcoba, era como extender la amante de biblioteca al lugar más íntimo de la casa, así fue que el abuelo tomó un taburete y trepó hasta donde estaba su visita, con un amoroso cuidado la desprendió de la pared y la colocó en la que era la almohada de la abuela, después la humedeció con un irreconocible gesto de ternura y acarició el suave bello de su verde amor; fue como vivir de nuevo aquel tiempo de vino, de fiestas, de amigos, de Eugenia, de esa textura húmeda y suave que sintió en tantas ocasiones lejos del cuerpo de la abuela …

Eugenia empezó a tener una presencia mas constante en la vida del abuelo y el abuelo la procuraba amorosamente, si bien es cierto que en la biblioteca era dónde pasaban la mayor parte del día, había ratos en que Eugenia encontraba al abuelo en la fuente del jardín o junto a la tina de baño, el abuelo la besaba dulcemente y se impregnaba del húmedo perfume que Eugenia emanaba.

El abuelo sentía algo parecido a entusiasmo cuando apreciaba el perfume de Eugenia en algún rincón de la casa, abría el armario y percibía su aroma, entonces lo invadía una sonrisa infantil, entraba a gatas y con la punta de los dedos la encontraba escondida y reía y la besaba y pasaba largo rato acariciándola y sintiendo que ese silencio, que esa humilde compañía incondicional era el amor, el amor de Eugenia y no el falso amor que le tuvo a Trinidad; ese silencio, esa textura, ese vello era Eugenia cumpliendo su eterna promesa de amor incondicional más allá de la muerte.

Fue en la época de lluvias cuando Eugenia gozó de mayor presencia en la casa, a donde el abuelo iba, Eugenia estaba, era una compañía incondicional y perfecta, ninguno le exigía al otro cosas que no se pudieran dar, Eugenia complacía al abuelo en todo, y el abuelo se abnegaba al cuidado y respeto de los espacios que Eugenia escogía para manifestarse. Estaba en sus libros, en su ropa, en la comida; la presencia de Eugenia se sentía incluso en el aire.

De este modo una mañana el abuelo dejo de cumplir su rutina, se quedó acostado dándose cuenta que de un tiempo a la fecha había logrado el broche de oro que siempre soñó, fue feliz o algo similar y se quedó en su cama, gozoso, dejando que Eugenia lo envolviera paulatinamente en sus interminables brazos.

Comentarios

Entradas populares