La salida

Perdidos en el laberinto Jonás le dijo a Úrsula su plan para salir, desde luego tomaría tiempo y podría no ser sencillo pero estaba seguro de que funcionaría.
Úrsula lo miró y le dijo que era inútil, que ninguno de sus planes funcionaba.
Jonás por primera vez decidió que Úrsula no tenía razón, así que se despidió y se marchó para ejecutar su plan.
16 años más tarde Jonás logró salir del laberinto, una vez estando afuera pensó en Úrsula y en las leyendas que se contaban del minotauro que habitaba aquel laberinto.
Úrsula permanecía adentro vagando en ese intrincado mundo de callejones, preocupada por el maléfico ser que allí habitaba.
Cierto día al doblar una esquina Úrsula se topó con un manantial de agua clara, el primer impulso que sintió fue el de correr a beber agua, luego pensó en el minotauro y fue cautelosa.
Mientras se acercaba más al agua, más miedo sentía de aquella ingobernable vestía que se comía el alma de la gente y dejaba sólo el cuerpo vivo deambulando por allí ya sin su alma.
Jonás ya fuera del laberinto encontró también un manantial respiró profundamente y caminó con pasos firmes, se agachó cerca del agua y al inclinarse, miró su reflejo, estaba cansado y sucio pero había derrotado al laberinto y al minotauro.
Úrsula respiró profundamente y caminó con pasos firmes, se agachó cerca del agua y al inclinarse, miró al minotauro.

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